Los Cuidadores y la Depressión

¿Acaso la tristeza, la soledad o la ira que siente en estos momentos pudieran ser una señal de advertencia de la depresión? Es posible. No es raro que los cuidadores sean víctimas de una depresión leve o incluso más grave, como resultado de las exigencias permanentes de cuidar a un ser querido enfermo.

Las labores del cuidado propiamente dicho no provocan depresión, ni todos los cuidadores experimentarán los sentimientos negativos que se asocian con la depresión. De todos modos, al esforzarse por darle el mejor cuidado posible a un familiar o amigo, los cuidadores muchas veces sacrifican sus propias necesidades físicas y emocionales. Además, las vivencias emocionales y físicas del cuidado pueden llevar a una situación límite, incluso a las personas más capaces. Los sentimientos resultantes de ira, ansiedad, tristeza, aislamiento, agotamiento—y también la sensación de culpa por albergar esos sentimientos—pueden ser una carga muy pesada.

Todas las personas tienen en algún momento sentimientos negativos que surgen y desaparecen con el tiempo, pero cuando esos sentimientos cobran una mayor intensidad y hacen que los cuidadores se sientan totalmente fatigados, que lloren con frecuencia o que se enojen fácilmente con su ser querido o con otras personas, pueden ser una señal de advertencia de la depresión. Hay que empezar a preocuparse por una posible depresión cuando la tristeza y el llanto son permanentes, o cuando dichos sentimientos negativos desbordan la capacidad de resistencia de la persona.

Lamentablemente, muchas veces los sentimientos de depresión se consideran más una señal de debilidad que un aviso de que algo anda mal. No se ayuda a la víctima con frases como “¡alegra esa cara!” o “son ideas que tú te haces”, que no hacen más que reflejar la opinión de que los problemas de salud mental no tienen una existencia real. No lograremos que los sentimientos negativos se desvanezcan con sólo negarlos o echarlos a un lado.

El tratamiento temprano de los síntomas de depresión mediante el ejercicio físico, una dieta saludable, el apoyo positivo de familiares y amistades, la consulta con un profesional médico o de la salud mental pueden ayudar a impedir que con el tiempo se consolide un estado grave de depresión.

Síntomas de la depresión

Distintas personas pueden padecer de depresión de maneras diferentes. Algunas padecen durante meses de un estado general de tristeza de baja intensidad, mientras que otras experimentan un cambio negativo súbito e intenso en su estado de ánimo. El carácter y la intensidad de los síntomas varían según la persona y pueden cambiar a lo largo del tiempo. Examinemos algunos síntomas comunes de la depresión. ¿Ha tenido alguno de los siguientes síntomas durante más de dos semanas?

  • Un cambio en los hábitos alimentarios que provoque un aumento o pérdida de peso no deseado
  • Un cambio en sus hábitos de sueño—dormir demasiado o muy poco
  • Sentir cansancio a todas horas
  • Pérdida de interés en las personas o actividades que antes le producían placer
  • Agitarse o enojarse con facilidad
  • Pensar que nada de lo que hace está bien hecho
  • Ideas de muerte, deseos suicidas o intento de suicidio
  • Síntomas físicos permanentes que no responden al tratamiento, como los dolores de cabeza, trastornos digestivos o dolor crónico

Problemas especiales de los cuidadores

¿Qué tienen en común la falta de sueño, la demencia y el hecho de que usted sea hombre o mujer? Cada uno de esos factores puede contribuir de cierta manera al riesgo especial de depresión que gravita sobre los cuidadores.

La demencia y los cuidadores

Los investigadores han comprobado que las personas que cuidan a un paciente de demencia tienen el doble de probabilidades de deprimirse que quienes cuidan a pacientes que no son dementes. Mientras más grave sea el estado de demencia, como el que provoca la enfermedad de Alzheimer, más probable será que el cuidador sea víctima de la depresión. Es indispensable que los cuidadores, sobre todo los que se ven en este caso, reciban apoyo continuo y seguro.

  • Cuidar a un paciente de demencia puede ser demasiado agobiante. No es igual a otros tipos de cuidado. Los cuidadores no sólo tienen que dedicar muchas más horas semanales al cuidado, sino que también tienen más problemas laborales, estrés personal, problemas de salud física y mental, tienen menos tiempo para hacer las cosas que disfrutan, menos tiempo para dedicar a otros familiares y más conflictos familiares que aquellos otros cuidadores que atienden a pacientes no dementes. Aunque los cuidadores siempre se ven afectados por el deterioro de la capacidad mental y física de un ser querido, la atención a conductas demenciales contribuye aún en mayor medida a provocar síntomas de depresión. Los síntomas asociados con la demencia, tales como el vagabundeo, la agitación, el esconder los bienes personales y las conductas impropias, hacen que cada día traiga una nueva crisis y hacen difícil que el cuidador pueda descansar u obtener ayuda.
  • Las mujeres sufren de depresión en mayor grado que los hombres. Las mujeres, principalmente las esposas e hijas, forman el grueso de los cuidadores. En los Estados Unidos, aproximadamente 12 millones de mujeres padecen cada año de depresión clínica, lo que es alrededor del doble de la cifra de hombres. Una encuesta de la Asociación Nacional de Salud Mental (National Mental Health Association) sobre la actitud y las creencias del público general con respecto a la depresión clínica, reveló que más de la mitad de las mujeres encuestadas aún consideran que es “normal” que las mujeres se sientan deprimidas durante la menopausia.Ese estudio también reveló que muchas mujeres no buscan tratamiento para la depresión, porque se sienten avergonzadas o quieren ocultar los sentimientos depresivos. De hecho, 41% de las mujeres encuestadas expresaron que los sentimientos de vergüenza les impedían buscar tratamiento.
  • Los cuidadores varones enfrentan de otra manera la depresión. Es menos probable que los hombres admitan que padecen de depresión, y también es menos probable que los médicos diagnostiquen depresión en el caso de varones. Es muy frecuente que los hombres busquen espontáneamente un alivio a los síntomas depresivos de ira, irritabilidad o desolación por medio del alcohol o la sobrecarga de trabajo. Aunque los cuidadores varones suelen estar más dispuestos que las mujeres a contratar empleados externos para ayudar en las tareas del hogar, también suelen tener menos amistades en quienes buscar apoyo y menos actividades positivas fuera del hogar. La creencia de que los síntomas depresivos son un signo de debilidad también dificulta especialmente que los hombres busquen ayuda.
  • La falta de sueño contribuye a la depresión. Aunque esto admite muchas variaciones, la mayor parte de las personas necesitan ocho horas diarias de sueño. La falta de sueño como consecuencia de cuidar a un ser querido puede conducir a una depresión grave. Lo más importante que hay que recordar es que usted necesita dormir, aunque no sea posible lograr que el paciente descanse durante toda la noche. Algunas de las vías para cumplir con sus deberes de cuidado y al mismo tiempo dormir el tiempo necesario pueden ser el contratar a un empleado que cuide al paciente mientras usted duerme, o buscar un centro donde se pueda atender a su ser querido, o coordinar con otro familiar para que venga a sustituirle algunas noches.
  • La depresión puede persistir aún después de ingresar al paciente en un centro especializado. La decisión de ingresar al ser querido en un centro especializado es muy angustiosa. Si bien muchos cuidadores logran descansar y recuperarse, la soledad, los sentimientos de culpa y la supervisión de la atención que se le brinda en el centro al ser querido pueden ser nuevas fuentes de estrés. Muchos cuidadores se sienten deprimidos al ingresar al paciente, y algunos se siguen sintiendo deprimidos por mucho tiempo.

A veces se cree que el estrés resultante de la atención al paciente desaparecerá una vez que se interrumpa el cuidado directo. Sin embargo, los investigadores han comprobado que algunas (personas que eran) cuidadores siguen padeciendo de depresión y soledad incluso tres años después del fallecimiento del cónyuge demente. Al tratar de recuperar la normalidad, es posible que los “ex cuidadores” necesiten ayuda para la depresión.

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